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Mostrando entradas de abril, 2010

La pequeña Lucy y sus pies polvosos

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Ella tiene cinco años. Camina cuesta arriba para llegar a su escuela. Su padre se levanta temprano para alcanzar el bus de las 06:30 y llegar a su trabajo como guardia de seguridad. Su madre, Paulina se queda en casa. Ese es el bastión donde cada día se inventa una nueva forma para multiplicar los panes. Aquí la fe sobra, pero el dinero se fue por la ventana hace mucho tiempo. El sueldo de Luis, su esposo no alcanza. No percibe beneficios sociales y con el cuento de que a la empresa no le va bien, sus jefes no le pagan utilidades desde hace muchos años. Lo que Luis lleva a casa, en algo, sirve para no morirse de hambre y no dejar atrás el sueño de la pequeña Lucy quien quiere convertirse en profesora. La niña, con su carita un poco sucia por el polvo, sigue caminando. Pronto llegará a su escuela donde su profesora María le enseñó que todo aquel que se esfuerza en esta vida tiene su recompensa al final. Esa frase marcó tanto a la chiquilla que desde aquel día de mayo, cuando la escu...

Guayaquil Workstar

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Es difícil no reaccionar ante las situaciones que nos rodean. Sobre todo cuando estamos en la calle. Allí, con la gente, sudando, padeciendo-en algo- su mismo dolor o preocupación. Cuando recorro los barrios periféricos de Guayaquil. Esos que hoy en día son muchos. Donde solo el polvo acompaña la suela de mis zapatos comienzo a reaccionar y a sumergirme en el mundo real porque me alimento de esa verdad parela. Es triste descubrir que hay muchos que sobreviven del trabajo diario. Del sol que desgastó sus ropas y quemó su piel. Que ruegan porque salga el astro rey porque, de lo contrario, no venderán el vaso de cola a US$ 0.10 o el agua a $ 0.25. Allí, caminando de extremo a extremo, cargando sus botellas, cargan también sus esperanzas, sus sueños y el de sus hijos. Cuando un vendedor informal irrumpe de forma súbita en un bus -en medio de la bachata estruendosa que vomita los parlantes, en el fugaz tranporte público-me doy cuenta que este país sobrevive así. No hay de otra. No se puede ...