La pequeña Lucy y sus pies polvosos


Ella tiene cinco años. Camina cuesta arriba para llegar a su escuela. Su padre se levanta temprano para alcanzar el bus de las 06:30 y llegar a su trabajo como guardia de seguridad. Su madre, Paulina se queda en casa. Ese es el bastión donde cada día se inventa una nueva forma para multiplicar los panes. Aquí la fe sobra, pero el dinero se fue por la ventana hace mucho tiempo. El sueldo de Luis, su esposo no alcanza. No percibe beneficios sociales y con el cuento de que a la empresa no le va bien, sus jefes no le pagan utilidades desde hace muchos años.
Lo que Luis lleva a casa, en algo, sirve para no morirse de hambre y no dejar atrás el sueño de la pequeña Lucy quien quiere convertirse en profesora.

La niña, con su carita un poco sucia por el polvo, sigue caminando. Pronto llegará a su escuela donde su profesora María le enseñó que todo aquel que se esfuerza en esta vida tiene su recompensa al final.
Esa frase marcó tanto a la chiquilla que desde aquel día de mayo, cuando la escuchó de su maestra , no deja de levantarse temprano y ayudar a su "mami Pauli" a hacer la cama, antes de partir a sus clases donde ya aprendió a escribir amor y mamá.

A Paulina le parece un dejavú la lección que aprendió su pequeña. Ella también la escuchó a esa edad y creyó en esas palabras hace más de veinte años. No obstante, la pobreza, el desempleo y la falta de oportunidades extinguieron sus ansias de graduarse como diseñadora de modas.
Hoy, Paulina, solo teje ilusiones y, al mes, cose un vestido o remienda sábanas viejas a US$1.
Los sueños del pobre.. ¿por qué deben terminar bajo el polvo que cubre los zapatos, en lo barrios olvidados? "Lucha", "sueña", "esfuérzate", todo es una mierda, palabras al aire mientras los políticos de siempre te cortan las alas y aún el pobre está condenado a no superarse.

Paulina lucha por conseguir un trabajo y no dejar que se repita la historia con su Lucy. Su madre sueña en que algún día su hija regale lecciones de bien a menores pobres como ella con las verdaderas condiciones de un buen vivir, con las garantías que deben dar autoridades y gobernantes comprometidos con su deber de hacer Patria.
Una Patria que solo se lo logra apoyando los anhelos de los que un día tejerán el futuro de este Ecuador: los niños.

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