Mi nombre es Luciana

Cuando era pequeña escuché a mi mamá comentar a una de mis tías el segundo nombre de mi padre: Luciano. Debo confesar que luego de ese día decidí que quería llamarme de esa forma aunque nunca se lo confesé a nadie.
Quizás, portando su nombre, hubiera sentido menos su ausencia. Otra cosa que también quise, y quizás más que lo anterior, fue haber podido ver su rostro, oler sus cabellos o apretar sus manos.
Durante 29 años he añorado una caricia de papá. Es más, nunca pude decir esa palabra. Eso es porque Luciano, mi padre, murió cuando yo estaba en el vientre de mamá y por eso nunca pude verlo.
La imagen que tengo de él únicamente provino de fotos que mamá, hasta hoy, guarda en el viejo ropero de madera. Cuando veo esos retratos en sepia lo imagino como un buen hombre, cariñoso con sus hijos y buen amigo. Algunos, dicen que su sonrisa era una extensión de la mía. Por eso me agrada verlo sonriendo (imagino que lo hace para mi).
Recuerdo que cuando mi madre me castigaba por las travesuras que hacía de chiquila -y sí que fueron muchas- ansiaba tanto refugiarme en sus brazos. Imaginaba cómo sería alzarme en ellos y jugar con él, olvidando el latigazo recibido.
Realmente esa carencia de su cariño me acompañó durante muchos años. Me atrevería a decir que hasta la actualidad.
Por eso hoy decidí bautizarme como Luciana... y, tras esta nueva denominación, debo admitir que aún sueño con ser la niña de papá. Aquella que con sus ocurrencias se convertiría en la alegría de aquel hombre que solo he podido ver en fotografías viejas y borrosas.
Si hoy te tuviera frente a mi solo te diría: Padre, sé que tu sangre corre por mis venas, sé que tu rostro se desdibuja en el mío, cuando me miro al espejo. Déjame encontrarte en cada paso que doy y ayúdame a no sentirme tan perdida sin tí porque te confieso que a veces tu ausencia me duele hasta el aliento.
Y te pregunto, con algo de rabia, ¿Por qué no estás?.. y te digo, desde mis entrañas, que no perdono la tierra que te enterró hace 29 años. No perdono tu partida y el que me hayas privado de ti, de tu cuidado y de tu sombra.
Quisiera minar la tierra hasta encontrarte. Desenvolverte entre las cenizas y que puedas decirme si estás orgullloso de mi y si soy la hija que soñaste. Solo con escucharte decir mi nombre, creo mi corazón dejaría de estar tan muerto.
Lo siento papá pero odio decirte que te extraño...
Que tan diferentes somos!!!
ResponderEliminarVivo y viví sin tener papa, cuando tenia 8 o 9 años el dejo de estar con la familia y crecí sin esa presencia. Jamás me hizo falta, ni lo extrañe, nunca supe que era tener un papa y de hecho esa palabra no existía en mi vida no porque no quisiera si no porque nunca lo añore y por lo tanto, no existía. Aun hoy su recuerdo se desvanece. Como para unos eso es importante y para otros no.