Habitando la piel de una mujer infértil

Habitanto la piel de una mujer infértil

Ser mamá ha sido el sueño más grande que he cumplido en mi vida. Un milagro de Dios, pues mis esperanzas eran casi nulas tras perder dos bebés. Saber que mi útero fue mi mayor obstáculo para vivir este anhelo a plenitud, ha sido como si un enemigo habitara conmigo, dentro de mi propia casa. Como si mi cuerpo no se pusiera de acuerdo con mi alma y la boicoteara, con tal de romperla en mil pedazos. 

Desde finales de 2020, antes de que mi hija Lucciana cumpliera un año, intentamos con mi esposo darle un herman@ a mi pequeña. Incluso, teníamos un nombre escogido, en caso de tener el 'varoncito'. Pensé qué, luego de someterme a una histeroscopía- una cirugía en el útero donde el ginecólogo ve todo lo que está mal y lo arregla- la búsqueda de un segundo bebé iba a ser más sencilla. 

El tiempo pasó, y las ilusiones se diluyeron en cada prueba de embarazo fallida o en cada menstruación. Así pasaron casi 4 años, al mismo tiempo que escuchaba a todo el mundo aconsejarme que la mejor opción para Lucciana era crecer con un hermano, como si no lo quisiera o no lo supiera. Durante todo este tiempo fue inevitable no sentirme culpable por no darle esa oportunidad.

Mientras los escuchaba, tragaba en seco las lágrimas y para bloquearlas esbozaba una media sonrisa. Así muchas veces intenté fingir el dolor que me acompañó todo este tiempo. Por eso, les aconsejo a todos que si desconocen lo que vive una pareja no opinen de un tema tan sensible.

Si nadie les ha contado cómo es habitar la piel de una mujer infértil, lo hago en esta publicación. Así, he decidido hablar de un tema difícil, y que a muchas mujeres que viven lo mismo que yo les avergüenza, porque  "la infertilidad" sigue siendo un tema tabú en una sociedad donde se la estigmatiza, pues "muchas veces se confunde la fertilidad con la virilidad del varón, mientras las mujeres perciben la esterilidad como un fracaso a nivel personal, una pérdida de control", como asegura Elisa Gil Arribas, ginecóloga y secretaria de la Secretaría Española de Fertilidad.

La última Encuesta Merck: Fertilidad en España. Deseos y Realidad, en la que participaron 1.500 mujeres de entre 20 y 45 años de ese país detalla que la infertilidad es algo difícil de asumir y de explicar para quienes la sufren. Los motivos principales son, de mayor a menor:

La vergüenza.
La presión social.
El fracaso que supone a nivel personal.

Desde mi experiencia, el haber sufrido obstáculos para cumplir los deseos de la maternidad ha sido mirarme al espejo todos los días y sentir que soy la del "problema". Incluso, a veces lo he escuchado en mujeres que vivieron lo mismo. A pesar de haber recibido mucho amor de mi pareja y de mi familia, llegué a sentirme incapaz, defectuosa, insegura, porque es paradójico que como mujer no pueda cumplir con el don natural que tenemos todas: dar vida. 

Y los cuestionamientos comenzaron a atacar mi mente: ¿Acaso operarme el útero no fue suficiente? Acaso pasar de examen en examen, tratamiento en tratamiento no bastaron ? Pues no, y mi médico me dijo que, si quiero otro hijo, lo más probable es que requiera no solo de una nueva cirugía, sino también de un tratamiento de fecundidad in vitro. Esto último debido a mi edad.

Por un momento pensamos con mi esposo en desafiar todos esos problemas y tener ese segundo hijo tan deseado. Consideramos que económicamente someterse a la histeroscopía que me permitió tener a Lucciana era lo más posible, porque un tratamiento in vitro nunca estuvo en nuestros planes,debido a la complejidad y el gasto que representa. Pero todo se complicó.

Ahora, con 43 años, y muchas lágrimas derramadas, acepté lo inevitable. Cada día, trato de convertir ese dolor en fortaleza y vuelco todo mi esfuerzo en cuidar mi milagro de vida. Reconocí mi fragilidad: no podré ser mamá de nuevo. Decirlo abiertamente me ha costado luchas internas, porque mi bebé es una niña llena de amor y realmente soñaba con darle un herman@ para que junt@s se amen y se cuiden. Aunque aquello no se dio, no puedo ser ingrata con mi amado Dios por dejarme vivir el milagro de ser mamá. Por sostenerme y ayudarme a vivir este proceso. Por regalarme a un esposo que ha sabido curar con amor cada herida.

Dedico este texto a cada mujer que ha pasado lo mismo y que nunca lo contó por miedo a ser juzgada. A todas ellas mi abrazo sincero. Las invito a pensar diferente, pues no somos la del problema. Somos fuerza, luz y puro amor. Que la biología no sea un obstáculo para seguir dando dar lo mejor de nuestros corazones. 

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