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Mostrando entradas de 2010

¿Arte o blasfemia?

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Una exposición fotográfica de los artista Winkler y Noah que pretende criticar “los aspectos más oscuros de la religión y la sociedad contemporánea” a través de instantáneas que muestran los cuerpos esbeltos, atléticos y prácticamente desnudos de mujeres crucificadas. “Awakening”, como se titula la exposición, juega con el simbolismo religioso de la cruz. Se trata, según la responsable de la exposición, de una crítica a la sociedad del “sé bella y estáte callada”, pero la exposición esconde un nuevo insulto a los católicos que ven otra vez como sus símbolos religiosos son despreciados. Uds que opinan ¿Arte o blasfemia? Cuando la veo no insulta mis ojos pero sé que en muchos católicos puede herir su sensibilidad. ¿El uso de la cruz y la crucifixión puede ser visto estéticamente o representa una burla a todos los pecados de la iglesia Católica? A veces, cuando veo esto, creo que los lìderes de esta religión están pagando sus errores del pasado y hoy ya no hay tiempo de rasgarse las vesti...

Y en Ecuador los niños ¿un carajo?

En Estados Unidos, la difusión de un video provocó escándalo y controversia. En él cinco niñas de 7 años de edad bailaban de forma, para algunos, erótica. Hubo quienes se quedaron absortos por la increíble actuación de las menores, yo fui una de ellas. Me parecen niñas con mucho talento y profesionalismo, a pesar de su corta edad. Otros, en cambio, consideran que las niñas, además de talento, derrocharon una fuerte carga de erotismo y sensualidad no apropiado para su edad. Las cadenas de televisión se hicieron eco y pidieron que el video sea retirado de Youtube pero, por ahí, todavía se sigue reproduciendo. Pero, ¿por qué en Ecuador no se genera este tipo de reacciones? ¿Por qué aquí nuestros niños si cantan tecnocumbias con un fuerte contenido erótico o imitan a cantantes enseñando parte de su cuerpo? ¿Aquí si es gracioso que una niña baile reggaetón o que aparezca meneando su cuerpo de forma sensual? A pesar de la hipocresía de la sociedad norteamericana, sobre su aparente moralidad,...

Mi nombre es Luciana

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Cuando era pequeña escuché a mi mamá comentar a una de mis tías el segundo nombre de mi padre: Luciano. Debo confesar que luego de ese día decidí que quería llamarme de esa forma aunque nunca se lo confesé a nadie. Quizás, portando su nombre, hubiera sentido menos su ausencia. Otra cosa que también quise, y quizás más que lo anterior, fue haber podido ver su rostro, oler sus cabellos o apretar sus manos. Durante 29 años he añorado una caricia de papá. Es más, nunca pude decir esa palabra. Eso es porque Luciano, mi padre, murió cuando yo estaba en el vientre de mamá y por eso nunca pude verlo. La imagen que tengo de él únicamente provino de fotos que mamá, hasta hoy, guarda en el viejo ropero de madera. Cuando veo esos retratos en sepia lo imagino como un buen hombre, cariñoso con sus hijos y buen amigo. Algunos, dicen que su sonrisa era una extensión de la mía. Por eso me agrada verlo sonriendo (imagino que lo hace para mi). Recuerdo que cuando mi madre me castigaba por las travesu...

Máscaras

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Vivimos en un eterno festival. Un mardi grass donde nuestros sentimientos se ocultan detrás de máscaras. Creo que para algunos eso es más seguro que mostrarse tal como son. Asì, llevan a lo largo de los años una vida menos reveladora y, por ende, falsa. Cuando conozco a alguien así me parece agotador escudriñarlo o analizarlo y, al mismo tiempo, entretenido porque sus versos, emociones y pensamientos parecen sacados de una obra de teatro, a veces un poco barata. Los movimientos se asemejan a los de una marioneta. A ratos, es un poco triste observarlos. Es patético ver como alguien se esfuerza en aparentar lo que no es, o no tiene. Habiendo dicho todo esto, me pregunto por qué tememos tanto revelarnos tal como somos ante otras personas. Será por miedo a ser lastimados o censurados. Pero ¿què más da? Al final, no es extenuante hacer creer al resto del mundo que todo debe ser perfecto, ajustado a un guión o sin salirse de la raya, como en la escuela cuando la profesora nos obligaba a repe...

La pequeña Lucy y sus pies polvosos

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Ella tiene cinco años. Camina cuesta arriba para llegar a su escuela. Su padre se levanta temprano para alcanzar el bus de las 06:30 y llegar a su trabajo como guardia de seguridad. Su madre, Paulina se queda en casa. Ese es el bastión donde cada día se inventa una nueva forma para multiplicar los panes. Aquí la fe sobra, pero el dinero se fue por la ventana hace mucho tiempo. El sueldo de Luis, su esposo no alcanza. No percibe beneficios sociales y con el cuento de que a la empresa no le va bien, sus jefes no le pagan utilidades desde hace muchos años. Lo que Luis lleva a casa, en algo, sirve para no morirse de hambre y no dejar atrás el sueño de la pequeña Lucy quien quiere convertirse en profesora. La niña, con su carita un poco sucia por el polvo, sigue caminando. Pronto llegará a su escuela donde su profesora María le enseñó que todo aquel que se esfuerza en esta vida tiene su recompensa al final. Esa frase marcó tanto a la chiquilla que desde aquel día de mayo, cuando la escu...

Guayaquil Workstar

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Es difícil no reaccionar ante las situaciones que nos rodean. Sobre todo cuando estamos en la calle. Allí, con la gente, sudando, padeciendo-en algo- su mismo dolor o preocupación. Cuando recorro los barrios periféricos de Guayaquil. Esos que hoy en día son muchos. Donde solo el polvo acompaña la suela de mis zapatos comienzo a reaccionar y a sumergirme en el mundo real porque me alimento de esa verdad parela. Es triste descubrir que hay muchos que sobreviven del trabajo diario. Del sol que desgastó sus ropas y quemó su piel. Que ruegan porque salga el astro rey porque, de lo contrario, no venderán el vaso de cola a US$ 0.10 o el agua a $ 0.25. Allí, caminando de extremo a extremo, cargando sus botellas, cargan también sus esperanzas, sus sueños y el de sus hijos. Cuando un vendedor informal irrumpe de forma súbita en un bus -en medio de la bachata estruendosa que vomita los parlantes, en el fugaz tranporte público-me doy cuenta que este país sobrevive así. No hay de otra. No se puede ...