Guayaquil Workstar


Es difícil no reaccionar ante las situaciones que nos rodean. Sobre todo cuando estamos en la calle. Allí, con la gente, sudando, padeciendo-en algo- su mismo dolor o preocupación. Cuando recorro los barrios periféricos de Guayaquil. Esos que hoy en día son muchos. Donde solo el polvo acompaña la suela de mis zapatos comienzo a reaccionar y a sumergirme en el mundo real porque me alimento de esa verdad parela. Es triste descubrir que hay muchos que sobreviven del trabajo diario. Del sol que desgastó sus ropas y quemó su piel. Que ruegan porque salga el astro rey porque, de lo contrario, no venderán el vaso de cola a US$ 0.10 o el agua a $ 0.25. Allí, caminando de extremo a extremo, cargando sus botellas, cargan también sus esperanzas, sus sueños y el de sus hijos. Cuando un vendedor informal irrumpe de forma súbita en un bus -en medio de la bachata estruendosa que vomita los parlantes, en el fugaz tranporte público-me doy cuenta que este país sobrevive así. No hay de otra. No se puede guardar pan para mayo porque el hambre de abril se lo comió. Ese es mi Guayaquil, el ruidoso, donde huele a chaulafán criollo a US$ 1.20 y el sonido del aceite frito de la tortilla de verde, en Colón y García Avilés. Es que para sobrevivir hay que 'camellar' en lo que sea...

Comentarios

  1. BESSY... EXELENTE REFLEXIÓN Y COMENTARIO... SIGUE ADELANTE... FELICITACIONES... TE INVITO A VISITAR MI BLOG... CARLOS ... http://soloparamujeresescritaporunhombre.blogspot.com/

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  2. Que bien el post !!! .... esto vas más allá es un estigma nacional de un país donde nos acostumbraron a que con el látigo en la espalda se hacen las cosas.

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